El riesgo de la rotura de la cadena de frío en el transporte de alimentos refrigerados

La congelación está reconocida como uno de los sistemas más eficaces para la conservación de los alimentos perecederos, manteniendo, además, todo el valor nutritivo del producto. Sin embargo, existe un peligro en este método que es conveniente conocer: la rotura de la cadena del frío, lo que ocasiona la proliferación de gérmenes.

El empleo del frío en la conservación de alimentos se basa, por un lado, en que a bajas temperaturas se reduce la velocidad de las alteraciones que echan a perder los productos y, por otro, en que la mayoría de los microorganismos responsables de intoxicaciones o toxiinfecciones paralizan también su crecimiento. Sin embargo, no queda suprimida toda alteración, ya que la oxidación y la labor de las enzimas apenas se ve afectada y es obligatorio recurrir a otros complementos como el envasado hermético o el uso de aditivos, especialmente en el caso del transporte de alimentos perecederos.





El procedimiento que, por lo general, se usa hoy en la industria para congelar alimentos es el conocido como ultracongelación, que consiste en conseguir una temperatura de -18ºC en el corazón del producto en un máximo de dos o tres horas; este sistema hace que los cristales que se forman en las células sean pequeños y redondeados y no rompan sus paredes, con lo que se mantiene el sabor, la textura y las cualidades nutritivas.

Una vez congelados los productos es necesario que estos se mantengan a una temperatura regulada de -20ºC a -18ºC hasta el momento de su consumo, ya sea en el almacén principal, en el transporte local y a larga distancia, en los almacenes regionales, en el comercio detallista o en el congelador doméstico. Esta rueda constituye la cadena del frío, que nunca debe romperse si no se quiere que los microbios despierten y se pongan a crecer a toda marcha para recuperar el tiempo perdido. Y lo malo es que el consumidor no tiene ningún medio de saber si la cadena se ha roto en los múltiples eslabones que están fuera de su alcance.

¿O sí lo tiene?

En Fríobox somos expertos en el mantenimiento de la cadena de frío y no concebimos un buen servicio sin un máximo control de las condiciones a las que se transportan las mercancías perecederas.

Entre las distintas posibilidades con las que contamos ofrecemos etiquetas adhesivas de control y registradores de temperatura, que proveen a la recepción de la mercancía de la información necesaria para saber si ha mantenido la cadena de frío o no.





Las etiquetas de control de temperatura muestran hasta una hora de tiempo acumulado en que la mercancía haya estado a una temperatura superior a la prevista. Funcionan con la ayuda de un colorante termosensible que muestra en un visor el tiempo que los productos han estado fuera del intervalo de temperatura requerido.



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Los registradores de temperatura, en cambio, llevan un control milimétrico y exhaustivo de las condiciones de los productos en todo momento. Combinados con los componentes de su sistema complementario, ofrecen a los usuarios finales los beneficios de un sistema de gestión de temperatura exclusivo y económico.



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Así pues, ¿quiere proteger la cadena de frío de sus envíos?

Contacte con Fríobox. Sabremos cómo ajustarnos a su caso.